Administrar en tiempos de crisis


Según datos oficiales del Ministerio de Producción y Trabajo de Nación, 8 de cada 10 nuevas empresas mueren en nuestro país y sólo 3 de cada 10 llegan a los 8 años de vida. ¿Por qué se da este fenómeno?

Por CPN Daniel Filippa. Si bien el contexto económico actual puede ser el factor más determinante, lo cierto es que no menos importantes son la fuerte presión fiscal que ahoga a las empresas, con más de 160 tributos a considerar entre impuestos, tasas y contribuciones, el impacto de la devaluación monetaria nacional sobre el dólar, la inflación que acumula más de un 55% en los últimos 12 meses, las altas tasas de interés por encima del 60% anual y la volatilidad en los tipos de cambio, todos ellos, variables que impiden la posibilidad de crecimiento sustentable de las pequeñas y medianas empresas. Si a ello le sumamos la caída en los indicadores de consumo de los últimos meses, los altos costos de producción influenciados por la suba de tarifas de los servicios públicos, y el incremento en la morosidad de los clientes, el resultado de la ecuación arroja un impacto negativo en la rentabilidad de las PyMEs y la eventual consecuencia de la estadística brindada al comienzo de la nota.
Quienes conducen los destinos de una firma no necesariamente son expertos o tienen amplios conocimientos en gestión de empresas, lo cual, muchas veces los lleva a tomar decisiones erróneas, basadas en la inmediatez, las apariencias y los temores. Conocer de forma práctica los aspectos esenciales de la gestión es una obligación para el buen funcionamiento de una compañía en cualquier dimensión. Además, para quienes llevan adelante estas tareas, tener conocimientos en Economía, Administración o Derecho, no significa que no sea necesario un reciclaje de los mismos, visto lo cambiante que es el mercado y el marco empresarial. En tiempo de crisis, el verdadero talento gerencial consiste en convertir las dificultades en oportunidades. En medio de este panorama, lo importante es ser muy prácticos y ofrecer soluciones. Una buena administración de la empresa es la mejor medicina para afrontar estos tiempos y la mejor forma, es profesionalizar la misma.


Mantener el empleo y su calidad es un imperativo ineludible: el verdadero capital. Cuidar el talento humano, los activos tangibles e intangibles de las organizaciones no son nada, si no son operados, administrados y puestos al servicio de la gente. Cualquier negocio existe porque existen las personas. El capital humano es la mayor ventaja competitiva de las compañías, especialmente cuando ya hay un acervo de personas formadas en la empresa, expertas y comprometidas. Retener a los talentos y preservar el clima organizacional ha sido la salvación de empresas que, de otra manera, incluso habrían llegado a la quiebra, pues el conocimiento de su gente, sumados al sentido de pertenencia, de incalculable valor en esos momentos, han sido la base de las ideas que las salvaron.


Cuidar las inversiones es otra de las metas. Estratégicamente se deben elegir aquellas de retorno inmediato, de retorno crítico para el desarrollo de la compañía o de carácter fundamental para preservarla. Mantener el flujo de caja libre da la oportunidad de hacerlo, porque permite acometer con agilidad, y en lo posible sin nuevas deudas, las iniciativas de inversión que se clasifiquen dentro de estas categorías.
No menos importante y una de las principales es cuidar las relaciones con los clientes. Mantener los servicios en el máximo nivel de exigencia, como siempre, porque otro activo fundamental es la confianza que ellos depositan en nosotros. De hecho, durante las crisis se ha fortalecido la calidad del buen servicio, lo que ha sido ampliamente recompensado con el hecho de saber que los clientes nos consideran sus aliados estratégicos para salir juntos de los momentos de dificultad. Una flexibilización de las condiciones de contratación, manteniendo siempre el bienestar del trabajador, pero facilitando la respuesta a las necesidades del cliente, es una estrategia en la que todos ganan.
Refinar el sistema de control interno también es necesario. Adaptar este sistema dando eficiencia y agilidad a los controles ayuda a mantener la solidez, al prevenir riesgos legales, financieros, de imagen y de competitividad, entre otros, especialmente identificando las falsas y las verdaderas prioridades, con sentido común. Como se mencionó, en las crisis se pueden tomar decisiones erradas o poco indicadas, si se actúa de manera precipitada.


Los momentos de crisis sirven para hacer correcciones, para pensar los caminos a tomar. Afinar el sistema de planeación estratégica con el objetivo de tener bien claros los posibles escenarios futuros y las contingencias que pueden implicar es una acción comúnmente ignorada y las consecuencias pueden ser nefastas. Una simple matriz FODA (debilidades, oportunidades, fortalezas y amenazas) dará claridad a este punto.


Por último, hablar con la verdad, oportunamente y con objetivos claros son partes de tranquilidad y de optimismo para la gente. Estrategias como la negación y el sofisma de distracción son maneras poco adecuadas, que minan la credibilidad. Los directivos deben tener como una competencia básica la disposición para dar buen ejemplo y deben ser, precisamente, los jefes, los pilares de la crisis. Así que si se ha tenido una buena cultura organizacional, si la empresa cumple con sus compromisos laborales y tiene programas de bienestar, retención, beneficios extralegales y de Responsabilidad Social, tendrán un buen respaldo en su gente para soportar estos momentos. Eso es importantísimo. En todo caso, si la empresa ha construido unos pilares fundamentados en valores, ha generado confianza en su entorno y cuenta con el liderazgo de sus directivos, la organización tendrá apoyo en las dificultades, durante las crisis y siempre.
Por lo general, no existen indicadores de gestión por lo tanto, los resultados se van observando intuitivamente en el día a día por mera tarea de quienes realizan la administración de la empresa, sin seguir una tendencia mensual o hacer un análisis de desvíos versus los objetivos planteados. Tampoco es común consideran los costos fijos y variables al momento de definir los costos totales y lograr diferenciar los gastos personales de los relacionados con el negocio. Los problemas se van “pateando para adelante” y sólo se resuelven cuando ya no queda otra opción, de manera intuitiva y sin un análisis profundo de los hechos y tendencias reales.
En definitiva, aquellas empresas que gocen de una adecuada administración en la gestión serán las que estarán mejor preparadas para sobrevivir en tiempos de crisis.

Contacto: @ daniel.filippa
Fuente: www.iprofesional.com; www.cronista.com; www.argentina.gob.ar/produccion